Al Rey del Porro se lo trago Nueva York

Este es el primer artículo escrito por Javier Castaño después de hallar enfermo a Luis Carlos Meyer en un asilo de ancianos de El Bronx en octubre de 1997. Hasta ese momento se desconocía su paradero.

 

Javier Castaño (Nueva York)

 

"Algún día tendré alas para regresar a Colombia", dijo el compositor barranquillero Luis Carlos Meyer en un ancianato del Bronx, en Nueva York, donde ha sobrevivido los últimos cuatro años. Nadie visita al compositor de Micaela, El Hijo de Mi Mujer, La Puerca, Vallenata, Trópico, Linda Jorachita y El Caramelito.

 

Al Rey del Porro se lo tragó Nueva York. El hombre que viajó al interior de Colombia y a varios países latinoamericanos interpretando el folclore costeño colombiano, se está muriendo de depresión y de soledad. No tiene familia ni amigos en Estados Unidos.

 

Mucha gente lo daba por muerto y Meyer había perdido las esperanzas. Pero la semana pasada sus ojos azules se llenaron de lágrimas y volvió a sonreir escuchando sus melodías. "Hacía 10 años que no escuchaba mi voz", dijo mientras apretaba la mano de Elba Medina, la enfermera puertorriqueña que creyó en las historias de Meyer y decidió buscar ayuda.

"No quiero que se me muera sin que tenga la dicha de hablar con sus compatriotas y quizás regresar a Colombia", dijo Medina cuando habló con el autor de esta nota. Meyer, quien nació el 21 de septiembre de 1916, está obligado a usar una silla de ruedas como resultado de un infarto cardíaco. Su presión arterial es muy alta y padece de pérdida temporal de la memoria.

 

Su sueño es regresar a Colombia. Tal vez a Bogotá, donde vivió cinco años y actuó en el Hotel Granada, en El Municipal y en el cabaret Montecarlo. O quizás a Barranquilla, donde están los recuerdos de su infancia y donde se inició como músico.

 

En Barranquilla perteneció a la orquesta Atlántico Jazz Band que tenía como trompetista a Pacho Galán. Se presentó en los teatros San Roque, Las Quintas, Caldas, Boyacá y La Bamba. También viajó a Medellín con su estilo vivaracho, su traje blanco y sus maracas. Allí se presentó en El Covadonga y en El Bolivar.

 

El padre de El Rey del Porro era Issac Meyer, de Trinidad, y su madre era Julia Castandet, de Martinica. Nació en Barranquilla en la calle Santander, y desde muy joven exhibió grandes cualidades para el canto y la guitarra.

 

En 1945, a la edad de 29 años, decidió abandonar Colombia. Nunca más ha regresado. Su partida salió publicada en un artículo de El Diario La Prensa de Barranquilla el 27 de enero de ese año. "Ha decidido cancelar sus días negros en esta ciudad y viajará a Caracas, La Habana y Ciudad de México", se lee en el texto que lleva el título El Negro Meyer Se Va.

 

Meyer vivió en México, en donde compuso varias canciones y grabó  porros y cumbias con la orquesta de Rafael de Paz. Después vino a probar suerte en Estados Unidos y Canada. De acuerdo a Ira Ehrlich, el compositor colombiano llegó por primera vez a Nueva York en 1958. Cantó y tocó en la orquesta de Xavier Cugat y se presentó en centros nocturnos como El Chico, Chatau Madrid y Fantasy.

 

"Llegó a Estados Unidos a buscar el éxito, pero no lo consiguió", dijo Ehrlich, quien se considera su único amigo en esta nación. "Era con la única persona que hablaba de sus deseos y frustraciones, hasta que se convirtió en un hombre deprimido y muy sólo".

 

Vivió en el hotel Empire de la avenida Broadway y la calle 63, en Manhattan, y trabajaba en restaurantes y centros nocturnos de baja categoría. Estaba obligado a compartir la cocina y el baño con los demás residentes del piso de ese edificio.

 

José Pacheco, el único colombiano que mantuvo algún contacto con Meyer hasta principios de esta década, dijo que hace 10 años su salud se fue deteriorando. "Sufría de flebitis y comenzó a tener problemas para caminar", dijo Pacheco.

 

Por esa época no pudo seguir pagando su apartamento y tuvo que irse a vivir al refugio Bellevue Men Shelter de la calle 30, en Manhattan. De allí lo mandaron al Centro de Atención Médica Neponsit de Far Rockaway, en Queens. Desde el 2 de febrero de 1992 se encuentra en el ancianato Laconia del Bronx.

 

Ocupa el dormitorio 616B. Lo levantan a las 8 de la mañana, lo bajan al primer piso a darle el desayuno y lo vuelven a subir. Ve televisión o escucha radio. Almuerza al medio día y lo acuestan a las 2 de la tarde. No se vuelve a subir a su silla de ruedas hasta el otro día.

 

"Quiero comer arepa de huevo, arroz con pollo y pescado", dijo Meyer con nostalgia mientras sonaba la gaita y movía su mano izquierda para seguir el ritmo de la música. Su condición es estable pero delicada y ha dejado de sonreir. Algunas veces come y es malgeniado.

 

En el sótano del ancianato Laconia hay tres maletas con las pertecencias de Meyer. En su interior hay decenas de partituras, la letra de algunas composiciones, incluyendo una nueva versión de Micaela, fotografías, libros de música, recibos de sus regalías como compositor y algunas cartas.

 

En el fondo de una de las maletas hay varias fotocopias con información sobre la vida del maestro Crescencio Salcedo, "quien murió pobre y olvidado como muchos artistas de Colombia".

 

Dentro de una bolsa de plástico roja hay una copia de una carta que Meyer dirigió a Aurelio (Yeyo) Estrada el 5 de enero de 1993, donde le dice que está escribiendo una composición sobre la llegada de Colón a América. La carta termina con la siguiente oración: "De nada valió haber compuesto e interpretado el folclore colombiano".

 

Publicado el 23 de octubre de 1997.

A la izquierda, el documento por medio del cual Luis Carlos Meyer le otorga los derechos de su música al periodista Javier Castaño. Arriba, carátula de uno de los discos con los éxitos de Meyer. Abajo, el Rey del Porro en el Hotel Granada de Bogotá en 1948 con la Orquesta de Alex Tovar, y la partitura de Micaela, obra maestra de Meyer, compuesta en 1943.